Las ventajas de arreglar tuberías sin obra son considerables frente a los sistemas tradicionales de reparación. Aunque tales modalidades de reparación sin zanja son relativamente jóvenes (puesto que sólo llevan algo más de cuarenta años llevándose a cabo), lo cierto es que durante este lapso histórico se han mostrado muy preferibles a los sistemas con zanja.

 

Debido a que todas las obras se realizan desde el interior mismo del tubo, se ahorran las múltiples molestias, retrasos o complicaciones que sobrevienen por la necesidad de obras para el saneamiento. Además, se genera una estructura más resistente que la previa, y todo sin que sea necesario abrir zanja alguna.

 

Reparar tuberías sin obra: sus ventajas

 

La tecnología denominada CIPP (Cured in Place Pipe) fue ideada en Gran Bretaña en 1971 por Eric Wood, quien obtuvo la correspondiente patente seis años después, en 1977. Tal novedosa tecnología fue comercializada por vez primera por Insituform Technologies, Ltd. La primera tubería CIPP fue instalada en un barrio de Londres: Hackney.

 

La extensión de esta tecnología se ha ido difundiendo cada vez más, fundamentalmente desde que en 1994 fue declarara de dominio público. El secreto de su rápida difusión en los últimos 25 años, se debe a su gran eficacia: la mayor de todos cuantos sistemas se emplean hasta la fecha en la reparación de tuberías.

 

En nuestro país como en la mayoría de los del mundo, ha de considerarse una forma de saneamiento muy reciente en términos históricos: la primera manga CIPP se instala en España (concretamente en la Comunidad de Madrid) en 1988. La utilización de este sistema ha llegado a ser notoriamente masiva en determinados países, tales como Alemania o Gran Bretaña, donde se han divulgado más aún si cabe las ventajas de arreglar tuberías sin obra.

 

Los métodos tradicionales de rehabilitación de tuberías, para detectar, localizar y reparar la fuga de que se trate, han de fracturar (si se trata del interior de un edificio) suelos, paredes, techos, y los revestimientos de todos ellos. Para la detección de las fugas, son también modalidades que pueden considerarse ineficientes, puesto que sólo un excesivo consumo de agua, la pérdida de presión de una caldera, etc, son indicios que permiten colegir la existencia de la fuga. Pero al mismo tiempo, se hace en extremo difícil ponderar las características concretas de la fuga hasta que no se han abierto zanjas. Con frecuencia se hace necesario romper grandes superficies para dar con la fuga concreta.

 

Los inconvenientes más descollantes del sistema tradicional de rehabilitación de tuberías serían los siguientes:

  • Molestias producidas al vecindario y negocios circundantes por contaminación acústica y ambiental, suciedad, corte de calles si fuera necesario, etc.
  • Mucha mayor duración de tiempo y coste en términos temporales y pecuniarios.
  • Las instalaciones que sufran la reparación quedan inutilizadas, en todo o en parte, durante el transcurso de las obras. Ello conlleva unos costes sobreañadidos para el empresario como consecuencia de la paralización de la actividad de unas determinadas infraestructuras industriales o grandes superficies comerciales.

 

No obstante, y, por el contrario, reparar tuberías sin obra conlleva los siguientes beneficios:

  • Ausencia de ruido y de contaminación ambiental. Se trata de un sistema mucho más sostenible en términos ecológicos y ambientales.
  • Resulta incomparablemente menos molesto y mucho más discreto en relación con el entorno de vecinos y negocios circundantes.
  • Su duración en el tiempo es mucho menor, y a menudo se reduce a tan sólo unas horas.
  • No es necesario paralizar la actividad comercial o productiva de la empresa que está sufriendo las reparaciones.

 

Por lo tanto, las ventajas de reparar tuberías sin obra son incomparables, y son la razón fundamental de la difusión de este sistema.